Martes, 04 Febrero 2014 01:35

Historia de la Serie del Caribe

Escrito por  Tony Piña
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Branch Rickey y Jackie Robinson en 1946 en Montreal, Canada.

A través de la historia de la humanidad ha ocurrido con alta frecuencia que una serie de acontecimientos se hilvanan entre sí para provocar el surgimiento de uno que se establece como institución. Algo así sucedió para que surgiera la Confederación de Béisbol del Caribe y con ella el evento que se conoce como Serie del Caribe.

En la segunda mitad de los años cuarenta el mundo vivía el final de la segunda guerra mundial y con la derrota de los regímenes totalitarios se produce una apertura generalizada a la que el béisbol profesional como deporte y manifestación social no se sustrajo. En México Jorge Pasquel, importante hombre de negocios ligado íntimamente al béisbol como fundador y dueño de los Azules de Veracruz desde 1940, decidió usar sus recursos y su influencia para elevar la calidad de la liga de México a un nivel que le permitiera competir con los circuitos mayores de Estados Unidos. Su desafío a estos surgió cuando en 1946 le ofreció contratos de montos de salario más elevados que los que se pagaban entonces a una serie de jugadores estelares de grandes ligas que ante la tentadora oferta abandonaron sus equipos para jugar en México. En esa época regía en las ligas mayores la cláusula de reserva, ordenamiento que le daba derechos de exclusividad sobre los contratos de los jugadores a los equipos que originalmente los firmaban el cual era respetado por estos. Esa norma regía entre las 16 franquicias que componían las ligas mayores, pero no abarcaba los límites fuera de los Estados Unidos.

Este acontecimiento, que conmocionó profundamente el béisbol profesional, ocurría el mismo año que en Venezuela y Panamá se iniciaba el béisbol profesional dentro del marco de un circuito organizado con esos fines, mientras en Cuba existían ya las condiciones para sustentar unos torneos invernales que gracias a la calidad de los jugadores que participaban, donde los prejuicios raciales no limitaban la participación de los mejores atletas, tenían muy poco que envidiar a las ligas mayores norteamericanas. En esa nación se organizaban torneos profesionales desde finales del siglo XIX y la actividad había crecido a la par con la sólida economía que se había desarrollado en ella. Algo similar ocurría en Puerto Rico, la liga en esa otra isla del Caribe se había iniciado oficialmente en 1938 como semiprofesional, pero para 1946 ya había desarrollado un espectáculo de evidente calidad gracias a las condiciones que allí imperaban en el orden económico y político por la influencia que ejercía Estados Unidos en el territorio desde que tomó posesión de este al final del siglo XIX luego de triunfar sobre España en el conflicto que se conoce como Guerra Hispanoamericana.

Aunque la liga que funcionaba en México donde Pasquel mantenía su dominio estaba muy alejada a las que operaban en el Caribe, el plan de elevar la calidad del béisbol mexicano importando recursos humanos del extranjero, que más que plan fue una aventura con ribetes de temeridad, se reflejó en estas, cuando la liga mexicana inició rápidamente un proceso de deterioro, básicamente por la falta de parques adecuados para recibir los volúmenes de fanáticos necesarios para hacer rentable la operación, en una época en que la televisión como medio de comunicación masiva estaba en pañales. Esto influyó hondamente en los resultados que posteriormente se produjeron en el Caribe. Ya en 1948 Pasquel y los que lo imitaron en México tuvieron necesariamente que reajustar los salarios que pagaban, decisión que provocó el intento de retorno de los jugadores que habían abandonado las ligas mayores a sus equipos originales. No obstante esos jugadores, algunos como el caso del puertorriqueño Luis Rodríguez Olmo oriundo del Caribe, estaban suspendidos por las Grandes Ligas debido a su deserción con la exigencia de que que esa suspensión abarcara los circuitos invernales. Esto incitó un conflicto que afectó las hasta entonces extraoficiales pero cordiales relaciones que existían entre ellos. A la situación se agregó el ingrediente que ya en 1946 los Dodgers de Brooklyn, por iniciativa de Branch Rickey, habían iniciado el proceso de integrar a jugadores de raza diferente a la blanca en las ligas mayores cuando contrataron al afroamericano Jackie Robinson y lo asignaron a su equipo sucursal en Montreal. Para las ligas del Caribe y México significaba que todos esos atletas no blancos que utilizaban en sus torneos, los cuales eran fundamentales para darle el nivel de excelencia que tenía el espectáculo que presentaban, iban a ser controlados también por las organizaciones de Estados Unidos que contaban con los vastos recursos económicos que por razones de mercado carecían los hispanos.

Existiendo la posibilidad que la liga de Cuba aceptara en su seno a los inelegibles, pero al mismo tiempo la eventualidad de que las futuras estrellas, incluyendo las que surgieran de sus países, recibieran restricciones para que jugaran con ellos, el día 10 de julio de 1947 se firmó un convenio entre el circuito cubano y la Asociación Nacional de Ligas Menores (National Association of Professional Baseball Leagues) que presidía George Trautman y representaba el béisbol profesional norteamericano. Ante esa realidad y asumiendo la visión más allá del horizonte que presentó la liga cubana, líder del béisbol del área, inmediatamente siguieron su ejemplo los demás circuitos y de esa manera se crearon las bases para que se estructurara la Confederación del Caribe, matriz que dio vida a la Serie del Caribe. Rafael Inclán, presidente de la liga cubana, fue seleccionado para asimismo presidir la naciente institución y Emilio E. Huyke, notable escritor puertorriqueño como Secretario Ejecutivo. Se debe indicar que fue básica la influencia y la capacidad de Trautman para que se llegara a esa conclusión el cual buscaba que la cantera que representaban esos circuitos caribeños como generadora de atletas valiosos se organizaran sobre bases firmes donde se respetaran las reglas que permitieran una convivencia sana en pos de un desarrollo sostenible.

La idea de la celebración de la Serie del Caribe, fue presentada en enero de 1948 en Miami al seno de la Confederación por los venezolanos Óscar Prieto y Pablo Morales, publicistas ligados al béisbol profesional de esa nación y en esos momentos involucrados íntimamente con el equipo Cervecería Caracas, franquicia que luego adquirirían convirtiéndola en Leones de Caracas. En agosto de ese año, en otra reunión efectuada en La Habana se aprobó definitivamente el evento, su formato y el marco que lo debería regir. La idea del certamen anidó en la mente de Prieto y Morales, luego de ser testigos del éxito de la Serie Interamericana de 1946 efectuada en Caracas con la participación de conjuntos de Estados Unidos, Cuba, la propia Venezuela y México.

La institución del organismo y el evento provocó un impacto que abarcó más allá de la organización de estos, pues hasta ese momento una de las situaciones que mayormente impedía un mejor desarrollo del béisbol en el área era la feroz competencia que existía entre los circuitos por el servicio de los mejores jugadores. Las reglas, si se acordaban, no se respetaban y los acuerdos eran desconocidos sin pudor. Con la creación de la Confederación como organismo regulador y el respeto que reflejaba Trautman desde su posición, ayudaron a armonizar los intereses en pos del bien común. De una crisis surgió una solución.

PARA CONOCER MAS SOBRE LAS HISTORIA DE LA SERIE DEL CARIBE, DESCARGA AQUI LA HISTORIA DE LA CONFEDERACON POR EL SR. TONY PIÑA CAMPORA. Copyright © 2014

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